lunes, 2 de noviembre de 2015

Detallistas al cuadrado

Por Cecilia Acevedo

A nuestros niños con autismo les adjudican numerosos superpoderes: oído fino, atención a los detalles, matemáticos prodigios, memoria fotográfica, etc. Lo que nadie sabe, es que convivir con ellos nos obliga a estar un paso por delante de sus acciones, anticiparnos a loque los puede dañar, a lo que pueden romper, a lo que puede desatar una crisis de 45 minutos de llanto. Discreta y calladamente no solo adquirimos alguno de los “super poderes del autismo” sino que a veces, los podemos poner en acción más rápido que nuestros propios hijos. Ya lo dijo TuSam “puede fallar”. Aunque a veces nuestros hijos nos ganen de mano, seguimos teniendo más superpoderes que la población media, solo que los llevamos discreta y calladamente hasta el momento en que son necesarios. Y aún asi, nos hacemos los Clark Kent y decimos que fue solo casualidad.
Como cuando un día en que se alinean los planetas y podés finalmente juntarte a tomar unos mates con esa amiga que hacía tanto no veías. Sin niños, solo ocuparse de conversar y relajarse nos deja en una situación extraña donde de repente nos sobra tiempo, como un mamá pulpo acostumbrada a usar sus 8 brazos a la vez, el dia que solo tenés que usar 2 el resto de los 6 se siente perplejo. Y casi sin darte cuenta mientras charlás le ordenaste  en los cajones los cuchillos que habían quedado sobre la mesada, guardaste en su estuche la laptop que había quedado abierta sobre la mesa, ubicaste en un estante más alto el esmalte de uñas que había quedado a tan baja altura, guardaste los fósforos en la alacena y a tu amiga en un segundo le sorprende como te apurás a volver a tapar la azucarera cada vez, aun sabiendo que sigue en uso y deberás volver a destaparla en la siguiente ronda de mate. A tu alrededor no quedan cabos sin atar y te anticipás a todo lo que sucede como quien espera el trueno luego del relámpago. Encontrar la aguja en el pajar es un juego de niños, así que nuestro deber es aprender a encontrarla antes que esos niños.

La tarde se nos va volando y nos despedimos con un “Qué lindo, ojalá se repita, aunque está complicado…” a lo que muchas veces nos retrucan “Pero venite con los chicos, no tengo problema”. Y ahí activás el scanner. Notás el exquisito gabinete estilo art nouveau, con un juego de copas completo heredado durante tres generaciones, mínimo. Ves el bellísimo jarrón de Cristal de Murano multicolor que estuvo ahí todo el tiempo, con sus flores intactas. No se te escapa el equipo de audio junto la TV (sin dedos de grasa o pintura marcados en su pantalla), con tantos botones y lucecitas. ¡Y cuántos adornitos chiquitos que tiene esta gente sobre la chimenea! Chimenea de verdad, con una pila de leña al costado y algo de ceniza en su interior, sin olvidar mencionar los atizadores, esas herramientas tan parecidas a espadas de… y por no empezar a mencionar los sonidos extraños de esa casa a los que quienes viven ahi ya se acostumbraron. Luego de un breve vistazo a ese futuro en una realidad alterna donde vendrías con tus hijos a esta casa tan bonita, respondés con un “No, está bien… mejor veo de venir un día que estén de la abuela…” o si realmente hay onda y ves posibilidades de que no huya espantada, le proponés que la próxima sea en tu casa, donde mamá pulpo, sus 8 brazos -y sus pulpitos- están en su tinta.

4 comentarios:

  1. completamente reflejada!!! ya no me siento tan rara, gracias, cariños.

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  2. hola, muy buena la página! en la nota obviamente me vi reflejada (hoy Dante ya tiene 19), igual me parece importante no quedarse en casa con lxs chicxs, salir, y que aprendan a manejarse en espacios diversos. es fundamental la socialización. abrazos!

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